(Este artículo tiene spoilers menores del sexto episodio de la cuarta temporada de Bojack Horseman).

—A veces tengo una vocecita en mi cabeza que dice: “¡Todo el mundo te odia y tienen razón de hacerlo!”. Esa voz, la que te dice que eres inútil, estúpido y feo…

—¿Sí?

—Se va, ¿verdad? ¿Es algo propio de una adolescente tonta, pero luego se va?

—Sí.

De todas las mentiras que Bojack le dice a Hollyhock en este episodio (Stupid piece of shit en inglés, Estúpido desgraciado en español), esta es la única dicha por compasión. Es especialmente dolorosa porque todos nos podemos identificar con ella. Así como la inútil publicidad de Secretariat, algo que tiene Bojack Horseman es que todos somos un poco como él. Yo soy Secretariat. Afirmarlo tiene algo de cliché, supongo.

Como generación consumimos las mismas cosas, disfrazamos nuestra unanimidad tras pequeños accesorios para “personalizarnos”, pero a pesar de los desvíos terminamos siendo una gran masa. Cada uno pertenece a una tribu, y a otra, y a otra. Lo que quiero decir es que sentirse como Bojack y alcanzar cierta iluminación interna al darte cuenta de que eres un gran pedazo de mierda (y que aún así tienes compasión en tu corazón por los otros) probablemente es una sensación que han experimentado otros millones mucho antes que tú, y por las mismas razones. Esto, sin embargo, no debería ser un impedimento para vivirla, porque dudo mucho que haya algo que se pueda vivir que todavía sea original.

Claro que esa compasión quizás es solo una forma de sentirse menos mal con uno mismo y no un acto de bondad, pero, en fin.

Saber que este sentimiento no es especial se remite a otro de los diálogos de Bojack en este episodio:

—Eres un idiota hijo de puta. Pero sé que soy una mierda. Eso me hace mejor mierda que los que no saben que lo son. ¿O es peor?

Si esto se convierte en conformismo o visionado carece de importancia, la verdad. Todo este asunto deprimente de las mentiras que nos decimos a nosotros mismos y a los otros para sentirnos mejor quizá habla de nuestra condición como humanos. Siempre hay una voz rondando nuestras cabezas, ya sea analítica, optimista, pesimista, o asociados, es lo mismo, y la manera en que nos comportamos tiene relación en cómo reaccionamos ante ella.

Hay algunas voces que son menos obvias que otras, pero siempre están ahí. Y no es que todo el mundo arrastre algo desde su pasado, aunque sí cargamos siempre con algo encima en el presente. Y me gustaría conseguir una forma más ingeniosa para decirlo pero carezco de todo el ingenio que demuestra el propio show (por eso que tanta gente lo ve y a mí nadie me lee).

Necesitamos crear lazos con los otros, y con nosotros mismos, ¿pero cómo es eso posible si somos conscientes, como BoJack, de que no somos realmente lo que queremos ser, de que no hay nada especial? BoJack se emborracha y arruina la vida de los que se topan con él, tiene una personalidad autodestructiva y no es capaz de amar todo lo que desearía, pero lo intenta. Intentar y luego pedir disculpas por los errores es otra actitud de mierda, pero ¿qué más se puede hacer?

Si vivir tiene algún sentido, viviendo es el único modo de descubrirlo. Y por muy estúpido que suene depositar cierta esperanza en un programa de TV de un caballo parlanchín, parece inevitable no relacionarse con los héroes o antihéroes de nuestra era, personajes ficticios que pasan ante nuestros ojos todos los días a través del internet. BoJack es uno de ellos, y hace que las cosas sean un poco más fáciles.

Tal como escribió Thoreau en Walden:

Por un esfuerzo consciente del espíritu podemos permanecer a distancia de las acciones y sus consecuencias, y todas las cosas, buenas y malas, pasarán junto a nosotros como un torrente (…) Puede afectarme un espectáculo teatral, pero puede no afectarme un hecho real que parezca concernirme en mayor medida (…) Cuando acaba la obra, que acaso es la tragedia, de la vida, el espectador sigue su camino. En lo que le concierne, era una especie de ficción, un mero producto de la imaginación.