Abarca demasiado en muy poco tiempo y sufre por un guion convulso que no sabe a dónde quiere ir.

La nueva versión live-action de Death Note es una película más o menos mediocre; “más o menos” porque se puede calificar de entretenida si no se compara con la serie de manga escrita por Tsugumi Ōba e ilustrada por Takeshi Obata, ni con la adaptación al anime dirigida por Tetsurō Araki.

Esto deja en el aire un par de preguntas: ¿De qué sirve una adaptación que no se puede comparar con el material de origen? ¿Qué público busca complacer entonces?

Una fuerza imparable y un objeto inamovible

El punto de partida es el mismo: un día, cuando Light Turner (adiós al Yagami por obvias razones) termina sus clases, encuentra un cuaderno negro en el suelo, llamado Death Note. ¿Para qué sirve? Para matar personas si se escriben sus nombres en él y si el portador visualiza mentalmente la cara de quien quiere asesinar.

Esta premisa da pie a una intrincada trama que enfrenta a Light con L, un detective con una personalidad excéntrica destinado a descubrir la identidad real de “Kira”, nombre que Light adopta para castigar a los criminales del mundo, convirtiéndose en una especie de Dios para los oprimidos.

Este enfrentamiento remite a la paradoja de la fuerza irresistible: ¿Qué pasaría si una fuerza imparable chocara contra un objeto inamovible?

Ah, pero claro, en este caso estaríamos hablando del manga. El Death Note de Netflix pasa por encima de los dilemas morales de sus protagonistas y los vuelve al menos cinco veces más estúpidos.

Entre todos, Nat Wolff es el único que logra construir un personaje coherente. ¿Que es un Light menos interesante y astuto que el original? Sí. ¿Que se quiebra demasiado pronto ante las dificultades y no demuestra la malévola astucia de su contraparte animada? También. No obstante, juzgar a Wolff por su relación con el material de origen y no por su trabajo independiente dentro del filme sería injusto. Como protagonista tiene la fuerza necesaria para sacar adelante un proyecto condenado por un guion muy flojo; eso ya dice mucho, considerando que ni el Ryuk de Willem Dafoe es lo bastante interesante.

Estética neo-noir

Adam Wingard, director de Tú eres el siguiente (You’re Next, 2011), hace lo que puede con la historia y le aporta un aspecto casi como de filme neo-noir. La decisión es acertada y merece mérito al tratarse de una trama detectivesca.

La dirección en general parece milimétrica y cada decisión tiene la huella creativa de su director; por ende, hay que destacar sus aciertos y fallos. Entre los primeros está la dirección de fotografía y el color, muy cercanos a la cultura del videoclip. La música, aunque inofensiva, recurre a los sintetizadores y compagina con el resto de las decisiones estéticas.

Entre los fallos está la actuación de Lakeith Stanfield. Parece que al intentar mezclar oriente y occidente, este L se queda en el medio y no es ni lo uno ni lo otro. Su excentricidad no encaja con la propuesta de Wingard en general; a diferencia de Light, que es “americanizado” por completo, el sincretismo de L es tan patético que duele.

Hay una escena donde ambos personajes se embarcan en una persecución digna de una película de acción de Bruce Willis: seguramente dejará un mal sabor de boca entre los más puristas (a nosotros nos dio por reír), pero que al menos encaja con la forma en que el guion abordó a estos personajes.

El riesgo que tomó Wingard en cuanto a la dirección de actores se agradece, pero no funciona. Para ver, por el contrario, un experimento similar pero llevado a cabo con éxito, recordemos a Tilda Swinton o a Jake Gyllenhaal en Okja (2017), de Bong Joon-ho, también una película original de Netflix.

Por favor, vean el anime

Si se trata de una adaptación que parece no afectar directamente a nadie, ¿por qué ha despertado tanto odio en la web?

Nos atrevemos a firmar que el daño de Death Note no es tan inocente si se toma en cuenta al público que nunca formó parte del fenómeno que originó la adaptación de Araki.

Dudamos mucho, por ejemplo, que alguien ajeno al manga se entusiasme a leerlo si su primer contacto es a través de esta película. Lo mismo ocurre con la versión animada: ¿cómo convencemos a nuestros amigos de darle una oportunidad al anime?

Es una lástima que un talento como el de Wingard se desperdicie en un guion tan poco creativo e irrespetuoso. La suma de los factores técnicos y artísticos ayuda a salvar una película que, más allá de esto, no aporta nada a la cosmogonía de la franquicia.

Death Note
Adam Wingard sabe lo que está haciendo la mayoría del tiempo.Nat Wolff es un buen Light Turner.
El guion deja mucho qué desear.El "L" de LaKeith Stanfield es incoherente de principio a fin.Es una pésima adaptación del manga.
5Nota Final