No es un secreto que la música cada vez se está haciendo más “chiquita”. Me preguntarás, ¿Cial, a qué te refieres? Pues, muy sencillo; primero hay que preguntarse, ¿qué es la música comercial? La música comercial es simplemente cualquier registro que se tenga de una obra sonora que permita generar ingresos con ella. No, música comercial no es la música pop, como nos tienen mal acostumbrados.

Ahora bien, retomando el primer punto, aquí nace la madre de todas las preguntas: ¿Qué significa que la música se esté haciendo más chiquita? Bueno, esta duda la podremos aclarar la semana que viene en otro post.

…mentira.

Bueno, chiquita en el sentido que desde el principio de los tiempos, desde que se está haciendo música, esta se ha ido registrando para generar ingresos. Y esto, al pasar los años, ha creado un efecto embudo en que cualquier obra musical tiene que luchar con estructuras de anteriores producciones, y evitar entrar en el temido grupo del plagio. En muchas, muchísimas ocasiones, esto es involuntario, y significa un gran problema a nivel profesional para cualquier músico.

embudo

Imagen de un embudo para que parezca un artículo de investigación

Si pensamos en todos los filtros que tiene que pasar un músico para asegurarse de que su canción cumpla con su cuota de “autenticidad” y que, obviamente, no repita progresiones de acordes que pudo tener una canción popular en el pasado, si pensamos en todo esto, diríamos:

“A la mierda todo, no creo que pase nada, lancemos el sencillo así y ya”

En el preciso momento en que tomas esa decisión ya eres dueño de la suerte. Lo primero (y el paso más difícil, indudablemente) es que tu canción logre cierta popularidad para que, en caso de que no hayas corrido con suerte, se prendan las alarmas de una productora, discográfica o inclusive el mismo artista que se vea “afectado” por un posible plagio que cometiste simplemente por la pereza que te dio investigar.

Lo barato salió caro, ¿no? En estos casos, para que no suceda esto, el músico profesional se tiene que ver en la necesidad de primero oír lo que compone y detallar que no esté prácticamente repasando un éxito del pasado. Al superar esta etapa, con la canción grabada, lo aconsejable es compartirla entre amigos y familiares que den el visto bueno; aunque ojo, siempre estará el tardado al que todas tus canciones le sonarán a cualquier otra del pasado.

Ha habido plagios descarados, sí; por ejemplo, Vanilla Ice y su one hit wonder Ice Ice Baby, plagio con todas las de la ley de Under Pressure de Queen y David Bowie. Ice Ice Baby llegó al número uno de las listas de Billboard y fue entonces cuando la primera demanda llegó al artista, desvinculándose por completo del plagio del que fue acusado. Más tarde Vanilla Ice decidió dividir los royalties de la canción para él y para Queen, y así evitar algún conflicto que terminara a mayores. Sin embargo, en mi humilde opinión, salió ganando.

Uno de esos casos curiosos es el de Somebody That I Used to Know de Gotye. canción que el cantante belga afirmó y admitió haber plagiado de un músico brasilero ya fallecido, muy popular en su país, llamado Luiz Bonfa; este tocaba música bossa nova y jazz brasilero.

El caso fue que Gotye decidió admitir, por cuenta propia, sin obligación, que este éxito mundial había sido un robo sin pistola, pensando que nadie se daría cuenta. La canción que plagió fue Seville de Bonfa, tema que vio luz pública en el año 1967 y que, por supuesto, les dejo para que oigan y comparen:

Pero Gotye no fue tan honesto como les hice ver anteriormente… La realidad oscura es esta: luego del estreno y éxito rotundo que tuvo Somebody That I Used to Know, empezaron a oírse (en voz baja, claro), susurros de posibles semejanzas de esta canción con algunas otras. Seguramente el artista no les prestó tanta atención, pero la disquera tuvo que haberlo obligado a admitir supuestas “inspiraciones” antes de que reventara la bomba; porque después de todo esa canción era eso, una bomba de tiempo que supieron desarmar a tiempo.

“No es una estafa, sino un sencillo y simpático homenaje al principio de mi canción”

De esta manera fue como cerró las posibles futuras críticas por fraude. Aun así, Gotye se comprometió a compartir el 45% de las ganancias que tuviera su canción con los herederos de Luiz Bonfa. Cabe considerar que la canción de Gotye fue número uno en diversas listas alrededor del mundo. De ella, a finales de 2014, se calculaban ingresos de hasta más del millón de dólares. Hoy en día no quiero ni imaginarme cuanto habrá vendido la canción.

El mundo del plagio es sumamente delicado y prácticamente se condena de la misma forma que la piratería. Casos como el de Gotye, que admitió el plagio antes de que fuera más tarde, dejan claro lo grave y lo cuesta arriba que puede ser caer dentro de una acusación de este tipo.

Me niego a pensar que los artistas ejerzan estas prácticas por el mero hecho de lograr “un éxito mundial”; pienso que esto puede ser más simple de lo que parece. Como indiqué al principio, tener pereza y no informarse e investigar tiene que ser la principal razón para que un músico caiga en plagio. Hoy en día, en este efecto embudo en el que vive la industria, se hace más y más cuesta arriba dar con diferencias: entonces, se termina aplicando la de “no vale, no creo”.