El filme obtuvo buenas críticas en Venecia y continúa la racha cosechada tras Weekend (2011) y 45 Years (2015). Pero, ¿qué conecta esta última con sus anteriores películas?

Hay una gran diferencia entre el sentimentalismo y la sensiblería. Aunque no se puede decir con certeza si la segunda es mala, es posible manipularla con algunos trucos. El melodrama, por ejemplo, viene cargado de sensiblería; el cine lo sabe y aprovecha los recursos que ofrece su rico lenguaje para moldear las emociones del espectador a su antojo. Es por eso que cuando alguien destruye un meteorito o consigue aterrizar sano y salvo en la Tierra, la “emotiva” banda sonora asciende de tonalidad y los trabajadores de la sala de control lanzan las hojas al techo, gritan, lloran y se abrazan. Ejemplos hay demasiados.

El sentimentalismo, por otro lado, no se puede fingir; ya depende de muchos factores que van ligados más bien a qué tan reales son los personajes en pantalla o qué tan inmersos nos vemos en la experiencia que nos propone la película.

Llevado a un género como el terror, tan maltrecho en la década pasada, el sentimentalismo vendría siendo el terror psicológico de The Shining (1980) y la sensiblería vendrían siendo los jump scares de Annabelle (2014). Es un ejemplo medio burdo, de bolas, pero ilustra nuestro punto bastante bien considerando que Annabelle es una mierda.

Un muchacho y su caballo

No, no hablamos de War Horse (2011), que también es una mierda (Spielberg, perdónanos). Lean On Pete está basada en la novela homónima de Willy Vlautin.

El protagonista es Charley Thompson (interpretado por Charlie Plummer), de quince años. Quiere un hogar, comida en la mesa y una escuela a la que pueda asistir durante más de una parte del año. Como hijo único de un padre que trabaja incansablemente en almacenes, la estabilidad familiar se les escapa. Esperando un nuevo comienzo, se mudan a Portland, Oregón, donde Charley toma un trabajo de verano con un entrenador de caballos, donde se hace amigo de un fallido caballo de carreras llamado Lean On Pete.

La frialdad de los sentimientos

En la página oficial de la Biennale hay un extracto de Haigh sobre su obra:

Lean On Pete de Willy Vlautin es una novela maravillosamente humana. Es una historia de un niño que se niega a perder la esperanza o el corazón a pesar de las duras realidades de su mundo. Me pareció inmensamente emocionante, tierna y sin embargo nunca sentimental. Quería que la película tuviera el mismo sentido de pureza. Quería que la película mirara la vida en los márgenes de la sociedad con honestidad y respeto. Había una cita que Willy utilizó al comienzo de su novela de John Steinbeck que dice: “Es verdad que somos débiles y enfermos y feos y querellantes pero si eso es todo lo que fuimos, habríamos desaparecido milenios de la cara de la tierra”. Traté de mantener ese sentimiento cerca de mi corazón durante la realización de esta película.

Sin embargo nunca sentimental pareciera una manera de decir que la historia es fría. ¿Lo es? Si estuviéramos en Venecia lo sabríamos pero nos toca esperar un par de meses todavía (según Imdb, la única fecha confirmada en en Reino Unido y es el 16 de febrero de 2018). Pero, ¿qué nos dicen las películas anteriores de Haigh? ¿Lo son?

Tanto Weekend como 45 Years toman técnicamente perspectivas con poca sensiblería. Ambas carecen de música en su banda sonora. No hay flashbacks, ni diálogo expositivo. Haigh pareciera decir que los sentimientos más profundos son a veces los que menos queremos exteriorizar; van ocultos en una gama de sensaciones que van más allá de las etiquetas convencionales (felicidad, tristeza, rabia, bla, bla). Por ello, no es un director fácil, y puede que ni siquiera por su frialdad: entrar en el mundo de sus filmes es entrar en lugares de nosotros mismos que no estamos acostumbrados a visitar.

Si eso no es hacer buen cine, vayan a ver War Horse y sean felices.