La semana pasada me acusaron de DC fanboy porque aparentemente destruí a Thor: Ragnarok, pero le conseguí el lado bueno a Liga de la Justicia. Miren, no sé, tengo mis gustos y razones, pero eso es asunto de otro día; traigo la anécdota hasta acá porque, si tuviera que elegir un universo cinematográfico que realmente me guste como para denominarme fanboy, elegiría el de los monstruos de Universal.

La excusa que encontré para hablar de esto es que ayer se cumplieron 86 años del estreno de Frankenstein, dirigida por James Whale, la icónica película protagonizada por Boris Karloff en el papel de monstruo. Aunque previamente el estudio ya había estrenado el Drácula de Lugosi con la aclamación de los críticos, la de Whale fue el paso definitivo que cimentó lo que vendría más tarde.

¿Cuántas veces no hemos oído en nuestra vida “¡ESTÁ VIVOOOOO!” en homenajes y sátiras, desde El laboratorio de Dexter, pasando por Shrek, hasta las obras de Tim Burton? ¿Cuántas veces no hemos visto versiones o personajes basados en Igor, el jorobado y torpe asistente que contribuye a la creación del monstruo? Pues ni el grito ni Igor aparecen en la novela de Mary Shelley, y sirven como testamento del poder ilimitado de la cultura pop.

Monstruos, monstruos everywhere

A principios de año, Universal estrenó su Dark Universe y mucho se especuló al respecto. Principalmente, se le atribuyó una actitud de desdén por copiar el estereotipo Marvel. No obstante, lo que solo se dijo como un dato curioso por aquí y por allá, era que el primer universo cinematográfico de la historia estufo conformado por sus monstruos. Claro que en ese entonces, a principios de los 30, no se le atribuyó ningún nombre, pero existió por más de treinta años y abarcó un aproximado de setenta y cinco películas.

Drácula, el monstruo de Frankenstein, La Momia, El Hombre Invisible y El Hombre Lobo aparecieron en al menos cinco películas cada uno, y algunos hasta se reunieron en 1944 cuando Erle C. Kenton dirigió House of Frankenstein, la “Avengers” de la franquicia.

Hay aquí algo invaluable, algo que Alex Kurtzman no entendió cuando le tocó reiniciar la franquicia este año con La Momia. Porque, más allá de que la película es bastante mediocre, no rescata nada, NADA, de las setenta y cinco que la precedieron.

La caída del Dark Universe

Se imaginarán que ya desde los tráilers mis expectativas estaban por el piso, pero de todas maneras fui al cine con la esperanza de recibir algún guiño aquí o allá. Me senté en la butaca esperando divertirme, al menos como me pasó con las películas de Brendan Fraser, que si bien tampoco estaban muy en la línea con las de Boris Karloff, pusieron algo fresco sobre la mesa.

Pero no.

Es que hasta en Van Helsing, la de Hugh Jackman (masacrada por la crítica), había un esfuerzo por unir lo clásico y lo moderno para traer de vuelta a los monstruos, para presentarlos a las “nuevas generaciones”, es decir, a los millenials como yo.

Esto lo digo porque, a pesar de que me gustan mucho Bride of Frankenstein o The Old Dark House, no las siento tan mías como podrían serlo. Por ejemplo, inicialmente prefería Episode V: The Empire Strikes Back a Rogue One: A Star Wars Story, pero esta última la vi en el cine con mis amigos y la discutí por horas los días posteriores; representó un evento importante que compartí culturalmente dentro de la línea de tiempo de mi insignificante vida. Esto la hace especial y más valiosa.

Pero con la película de Tom Cruise me sentí tan decepcionado que me alegró saber que el Dark Universe se tambalea. Y por mí que se desplome de una vez, así le hacen otro reboot en un par de años y a lo mejor sale algo bueno.

Sin embargo, existe alguien que sí consiguió dirigir una digna representante que solidifica el legado del primer universo cinematográfico, y que sirve como epílogo para su aporte estético: Tim Burton.

Frankenweenie y todo lo que está bien con el mundo

Aunque de unos años para acá pareciera que está de moda odiar a Burton, Frankenweenie es la síntesis de todo su amor por la franquicia de monstruos de Universal, a la que posiblemente le deba gran parte de sus influencias como autor (sin ir muy lejos, véase Ed Wood).

Es una película encantadora que, a falta de un acierto por parte de Universal, puedo abrazar como propia, y que posee esa misma magia y asombro que inspiraba el terror de Karloff. Hay homenajes por todos lados, y aún así consigue preservar un espíritu que apela a la nostalgia de los noventa, con la inclusión de Winona Ryder y Catherine O’Hara.

Es este un claro ejemplo de cómo combinar lo clásico, con lo nuevo.

Todavía no se sabe qué ocurrirá con el Dark Universe, y aunque estoy seguro de que muchos espectadores ignoran los 86 años de historia que lo preceden, sería genial que alguien con el mismo cariño de Burton tomara las riendas del proyecto. Se vale soñar, y supongo que, pase lo que pase, de igual forma iré a ver el resultado: me imagino que eso significa ser fanboy.