Desde Beyond the Black Rainbow hasta Coherence: porque no hacen falta demasiados artilugios para conseguir plasmar una buena historia.

Blade Runner 2049 demostró que el cine de ciencia-ficción (el de verdad, el “serio”) todavía tiene cabida en Hollywood. Ya el mismo Villeneuve había preparado el camino con Arrival, y previamente también lo hicieron Nolan y Cuarón. Sin embargo, es en el mercado independiente (y consideremos “indie” cualquier película con un presupuesto menor a los 15 millones de dólares), dónde se encuentran las propuestas más atractivas e irreverentes.

Beyond the Black Rainbow (2010)

El filme canadiense de Panos Cosmatos tiene mucho de Elfen Lied y un poquito de Solaris de Tarkovsky; claro que quizás la comparación con este último sea una exageración considerando la naturaleza poética de las películas del director soviético, pero aún así hay paralelismos en cuanto a la forma y el ritmo. Beyond the Black Rainbow se devora a sí misma como el uróboros, sumiendo al espectador en un trance cuya atmósfera lo es todo. Hay que armarse de paciencia para enfrentarla por primera vez, pero las recompensas están ahí para aquellos que se dejan llevar.

Upstream Color (2013)

Shane Carruth dirigió, escribió y hasta musicalizó este pequeño experimento de grandes proporciones. Algunos la tildan de ser una película que no se entiende “sin manual”, y hasta cierto punto es una observación adecuada. Pero es que, a pesar de poseer una narrativa lineal, Upstream Color es menos sobre la historia y más sobre las sensaciones; es un viaje en la memoria, en los lugares y personas que la conforman y que nos hacen sentirnos reales (para simplificar). Además, y aunque pueda sonar trivial, es una película visualmente muy bonita, estilizada, cuidada, casi elevando al extremo toda esa técnica cámara en mano y de poca profundidad de campo que identifica al indie hecho con DSLRs.

Under the Skin (2013)

Esta fue una película que puso sobre la mesa el talento de Mica Levi como compositora de bandas sonoras, camino que la llevaría a una nominación al Oscar el año pasado por Jackie. Es justo mencionarla de primero porque, si bien el filme de Jonathan Glazer también se beneficia de una necesariamente inexpresiva Scarlett Johansson, el soundtrack es, en esencia, el alma de la película. Lo más sensato sería decirles “Háganse el favor” en caso de que no lo hayan oído aún, pero sería un sacrilegio si lo hacen antes de ver la película; se complementan de tal forma que duele separarlos el uno del otro. Así que, a ver la peli primero.

Coherence (2013)

Es menos conocida y celebrada que el resto de las que conforman esta lista (aunque obtuvo victorias importantes en Sitges), pero es todo un ejercicio en ingenio y creatividad. ¿Cómo se hace una película de ciencia-ficción sin grandes sets, o suficiente dinero para concebir un diseño de producción futurista o distópico? He aquí la respuesta. Decir mucho sería spoilear la trama, pero igual como The Invitation le dio un giro satisfactorio al terror psicológico, Coherence lo hace sin demasiadas pretensiones dentro de las convenciones de su género.

Melancholia (2011)

Aparece de última porque es, posiblemente, la menos “indie” de las cinco: está dirigida por Lars Von Trier, el peso pesado junto a Nicolas Winding Refn de Dinamarca. Narra el fin del mundo por culpa de un planeta que se acerca a la tierra, tras una suntuosa boda casi tan incómoda como la propia muerte. Melancholia es Von Trier condensado. Aunque él mismo intentó convertir Nymphomaniac en su magnum opus (y hasta le puso referencias de Antichrist, casi como un “Trierception”), es Melancholia la verdadera joya de su tardía filmografía. Y para volver a Tarkovski: al igual que en Solaris, Los cazadores en la nieve de Pieter Brueghel el Viejo teje simbólicamente las angustias de la trama.